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¿Han dejado de ser importantes los medios de comunicación convencionales? ¿Siguen marcando la agenda?

19/06/2020 | por Cecubo

La confección de la agenda pública ha cambiado en los últimos diez años. Los medios de comunicación tradicionales ya no monopolizan la creación de temas y realidades como lo hacían antaño y esto se debe al auge de las redes sociales.

No cabe duda de la importancia que sigue teniendo en nuestra vida diaria la prensa escrita, la radio o la televisión, aunque la irrupción de las plataformas sociales como transmisoras de información ha dado un vuelco al panorama en muchos aspectos. 

 

La teoría de la agenda setting, que establece que los medios de comunicación tienen una gran influencia sobre el gran público pues determinan qué historias tienen interés informativo y qué importancia se les debe dar, ha quedado en entredicho. Y esto tiene que ver con el poder de difusión.

 

Nunca en la historia un ciudadano cualquiera había tenido la capacidad de difusión de un mensaje que tiene actualmente. Cualquier tema que una persona ponga sobre la mesa tiene la capacidad real de llegar a millones de personas -en realidad a cualquier en el mundo con conexión a internet- Una capacidad tecnológica que antes, hasta hace unos años, únicamente tenían los medios tradicionales.

 

Las nuevas posibilidades de difusión que ofrecía internet hizo que los primeros que ocupar el gran espacio digital fueran los mismos medios de comunicación convencionales que hasta ese momento únicamente existían en papel. Esto supuso un cambio en la forma de hacer llegar la información a los usuarios, pero la agenda pública, seguía estando en manos de las mismas grandes corporaciones y grupos de comunicación.

 

Sin embargo, pronto surgió la posibilidad de que los ciudadanos generasen agendas paralelas a las que establecían los medios, creándose así las bases de las actuales redes sociales: fueron los foros, que al más puro estilo griego, reunían a cientos -incluso miles de personas- que querían hablar, debatir o exponer cualquier tipo de idea, reflexión o cuestión que, en la mayoría de los casos, no estaba en la agenda de los grandes medios. El éxito de estas plataformas daría pie a los actuales Facebook o Twitter, que han revolucionado la forma de concebir y consumir la información.

 

 

Este nuevo panorama ha cambiado también la manera en la que las empresas enfocan su comunicación. Hasta la década del 2000, el empeño de cualquier departamento de prensa de una multinacional se centraba en conseguir la atención de los grandes medios de comunicación para asegurarse unos segundos de emisión y exposición pública y ser así parte de la agenda del día. Era prácticamente la única manera de colocar tu mensaje.

 

Hoy en día, gracias al impacto que tienen las redes sociales, cada empresa, desde una gran multinacional hasta una empresa unipersonal, puede ser su propio medio de difusión y conseguir la atención de millones de potenciales clientes y usuarios. Esta circunstancia puede ser una ventaja competitiva para muchas empresas e instituciones, pero también una losa para aquellos que no se adapten a los nuevos tiempos, ya que corren el riesgo de perderse entre un nuevo flujo de información de unas dimensiones jamás vistas.

 

Negar el poder que siguen teniendo los medios de comunicación tradicionales -incluso en sus versiones digitales- en la confección de la agenda pública sería tan absurdo como negar la cuota de poder que han cedido a los ciudadanos, las empresas y las instituciones a la hora de colocar sus mensajes.

 

Actualmente es, quizá, el momento en el que resulta más importante generar de forma correcta y eficaz una comunicación corporativa desde nuestras empresas. La nueva capacidad que nos han otorgado las redes sociales para llegar a un número ilimitado de público puede suponer un arma de doble filo si no se ejecuta correctamente. Una comunicación errónea, esteril, inservible o ineficaz puede defenestrar nuestra imagen de marca, echando por tierra años de esfuerzo labrándonos una reputación.


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