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A continuación, reproduzco una parte de la conversación (páginas 49/50) en la que Solana menciona a Clinton por su capacidad para comunicar y Bassets lo contrapone con la capacidad de Obama para organizar y dirigir. Orden contra espontaneidad. Sería complicado encontrar la fórmula perfecta para combinar ambas, si bien es cierto que la mayor presencia de uno de estos elementos va en detrimento del otro. Quizá entre estos dos valores, hay uno del que hace un mejor uso el Presidente Obama: la adaptabilidad. Esta es una característica imprescindible para cualquier político hoy en día.

Os dejo con el fragmento del libro:

[Página 49]

Javier Solana (JS): Los meros administradores suelen fracasar. Clinton, por ejemplo, era un político de los pies a la cabeza; tenían visión, una capacidad de comunicación extraordinaria y una pasión política que le permitía contarte en dos minutos lo que estaba pasando tanto en Nebraska como en los grandes escenarios internacionales.

Lluís Bassets (LB): Usted es clintoniano, pero Obama todavía le ha superado en capacidad comunicativa y en capacidad de crear relato, así como en utilizar las tecnologías.

JS: Sí, pero es más intelectual, quizá más frío. Yo fui y soy clintoniano, sí. Y me convenció desde el primer mandato. Quizá haya un elemento generacional y el hecho de que a Obama le he tratado menos.

LB: Pero Clinton tenía una cosa que usted no tiene y que tampoco tiene Obama. Clinton era un desordenado, Obama y usted no. La forma en que se instaló en la presidencia fue un desastre.

JS: Le cuento una anécdota. John Podesta era su jefe de gabinete, y yo tenía muy buena relación con él. Una de las primeras veces que fui a entrevistarme con Clinton me dijo: «Mira, Javier, esto es un lío. Llevamos una catástrofe de desorganización, así que en media hora me miras y cuando veas que me pongo en pie, das las gracias y te empiezas a mover». Le conocía mucho, así que le dije: «No te preocupes». Pasaron treinta minutos, y Podesta empezó a moverse, se puso de pie, y yo dije: «Presidente, muchas gracias, ha sido un placer, creo que tiene usted muchas cosas que hacer..Sólo tengo una última pregunta, me da un poco de rabia irme de aquí sin que me diga dos palabras sobre política nacional». ¡En qué momento dije aquello! Estuvimos dos horas más.

LB: Pero usted en cambio es más ordenado. Quizá no tanto como Obama, con sus slots de un cuarto de hora administrados con avaricia.

JS: Pero actúa con flexibilidad cuando cree que vale la pena seguir. En un cuarto de hora él cree que cabe todo lo que se le puede decir al presidente de Estados Unidos. Y él capta estupendamente. Si le dices las tres cosas que le quieres decir, toma nota y dice: «La primera sí, la segunda no, la tercera volvemos a hablar dentro de un mes». Es estupendo en eso, capta de maravilla, tiene una gran capacidad de concentración, escucha con veinte sentidos. No se le escapa nada, y es muy inteligiente, muy disciplinado intelectualmente y meticuloso… Quizá a costa de su espontaneidad.

[Página 51]

JS: Hay una diferencia muy grande entre Bush y Obama. Bush era un hombre simpático, pero se cansaba enseguida de escuchar y dejaba hacer. En cambio, cuando Obama dice que sí es porque cree profundamente que es que sí, ha escuchado, reflexionado y decidido.