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http://estaticos.elmundo.es/documentos/2009/04/25/portada.pdf

Como era de esperar, el tema de la primera del diario de Pedro J. son los más de cuatro millones de parados que, oficialmente, tiene desde ayer nuestro país. Era evidente que este medio no iba a dejar pasar la gran oportunidad que se le presenta de mandar un proyectil contra la línea de flotación del ya de por sí maltrecho -a pesar de estar recién renovado- gobierno Zapatero.

Aún así, por miedo a quedarse cortos, la portada sólo presenta este tema acompañado de una minúscula introducción a la crisis sanitaria de México por la gripe porcina. Así pues, titular principal a dos columnas «Los 4.010.700 parados dejan al Gobierno sin respuesta». Además, Zapatero se lleva un montaje con cientos de fotos de carnet de personas sin empleo, a las que se superpone la imagen del Presidente del Gobierno acompañada de un texto en la parte inferior en el que se puede leer «El paro retrata a Zapatero». Para dar la puntilla final, en la frase del diaria que el periódico de Unidad Editorial destaca cada día en su parte superior dice:

«Suelo dormir bastante bien… Si algo me quita el sueño son las personas que pierden un empleo». (José Luis Rodríguez Zapatero). -Frase que el Presidente respondió a una participante del programa Tengo una pregunta para usted el pasado mes de Febrero-.
A todo esto, podemos sumar un artículo de Pedro G. Cuartango durante el día de hoy en internet, en el que ya pide la dimisión de la Vicepresidenta segunda, Elena Salgado, acusándola de no dar en el día de hoy ninguna respuesta contra la crisis, y estar esperando a que sea «la recuperación de la economía internacional la que nos arrastre hacia la salida».

Así que, conclusión número uno -no hay que ser ningún lumbrera- El Mundo sale mañana al ataque a por Zapatero. Pero, ¿cuál es el gran problema del Gobierno en todo esto? Obviamente, la gran pérdida de credibilidad y confianza hacia él de la opinión pública; pero, ¿por qué se ha producido?

No son sólo la situacion y los datos económicos. Desde mi punto de vista, uno de los fallos en comunicación que ha demostrado el gobierno durante meses, ya desde antes de las elecciones, en la cuestión económica, es haber jugado a ser adivinos, a ser los expertos -no olvidemos a los premios Nobel que vinieron a ayudar en la campaña- que pretendían decir lo que iba a ocurrir, en vez de dar confianza, acción y resultados.

Si en el debate de investidura dices que el desempleo nunca superará el 11% y un año después lo tienes en un 17%, no es que te equivoques en un punto, has errado un 55% previsión -imagínense que el director del CIS se equivoca en tal cifra en una encuesta, o que un piloto erra en el aterrizaje en ese nivel-. Si dices que no llegarás a los cuatro millones de parados, y al final te plantas en esa cifra, estás incurriendo en el mismo error. Pero ya es el colmo, cuando ese mismo día en el que llegas a los cuatro millones, la Vicepresidenta segunda y ministra de Economía se apura a decir que ni de broma llegaremos a los cinco millones. Que hace entonces la opinión pública, pues utilizando el método de ensayo-error… la gran mayoría pensará que no pasamos de diciembre sin llegar al cinco.

El mensaje basado en las cifras, principalmente, en un momento como el que atravesamos, es un desacierto monumental que el Gobierno va a pagar estos días. ¿Por qué no optar por la realidad? Quizá no basta sólo con eso de «es una crisis internacional culpa de los capitalistas más feroces que están todos arrejuntaditos en la derecha» o «vamos a esperar a ver que ocurre con las medidas tomadas y después ya veremos». ¿Y el mensaje de la reforma estructural? Dónde está el mensaje realista de «señores, si somos el país que más desempleo genera en la Unión, si tenemos al 20% de los parados de la Unión, no es por casualidad… Hemos hecho mal las cosas desde hace ya unos años, y ahora nos toca llevar a cabo políticas impopulares, pero necesarias para cambiar las cosas».

El escollo ahora es que, probablemente, este Presidente, a pesar de su renovación en el equipo, no podrá hacer que la gente tenga ilusión, confíe en él y apriete los dientes para salir de esta situación. Pero, ¿hay alternativa? Si la hay, no está en la primera de El Mundo.