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Ahí, en las calles, nos cita el autor, pero antes nos ofrece estas páginas como herramienta, un curso urgente de política para compartir perplejidades y trazar salidas, para indicarnos que la política no es eso que practican los canallas, un curso para desaprender los lugares comunes que conforman el entramado discursivo y justificativo de una democracia desvirtuada, recluida entre los límites del voto, ajena a cualquier otro tipo de participación. Un curso para descreer de las palabras que el poder nos envía, para desgarrar los velos vergonzosos del eufemismo, para recuperar el diccionario y enfrentar la realidad con espíritu crítico y fuerza argumental. Aquí se reivindica la paideia «como corazón de la polis», la educación en valores, el debate como motor social, y para aquellos que, obnubilados por la bruma del fin de las ideologías (el pensamiento reaccionario es escatológico, siempre abocado al fin, sea el de la historia o el del mundo), no acaban de diferenciar entre la derecha y la izquierda, resulta muy recomendable el «Retrato de la derecha con perrito» que se les ofrece.

Apoyado no sólo en el bagaje teórico de las ciencias sociales (por ahí andan, junto a los clásicos, el inevitable Lakoff y sus marcos, Huntington y sus teorías reduccionistas de la democracia -«el nivel de participación siempre tiene que estar por debajo del nivel de institucionalización»-, Merton, Dhal, Polany…) sino también en múltiples referentes culturales (desde el marxismo de Groucho a la afilada lucidez de Woody Allen) o populares, Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense y autor, entre otros trabajos, de una muy interesante revisión del Gran Relato articulado sobre la Inmaculada Transición [1], nos conduce con agilidad y brillantez por los vericuetos de un sistema que, más allá de las formalidades de procedimiento, más allá de la mera mecánica democrática, se convierte en el eficaz gestor de los intereses del capital globalizado. Monedero analiza las deficiencias de una democracia subordinada a los mercados y reivindica la política, la que emerge de la acción colectiva de una ciudadanía perpleja e indignada ante la magnitud del ataque, no la que practican los actuales partidos cartelizados (siguiendo a Katz y Mair, partidos alejados de la sociedad civil y convertidos en parte sustancial del Estado) y sus profesionalizados dirigentes. La política como expresión o canal de la movilización social, como ejercicio cívico orientado hacia el «anhelo ilustrado de la emancipación». Una política capaz de generar alternativas «a la crisis integral de las democracias representativas». Una política que nazca ahí, en las calles, ahí donde la gente decente no tiene más remedio que estar para defender o exigir los derechos de una ciudadanía amenazada.


[1] «La transición contada a nuestros padres«. Editorial Los libros de la Catarata.