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La idea de la primera publicación era poner sobre la mesa una variable que en Latinoamérica ha servido como eje de vertebración de mayorías: la idea de patria. No obstante, hay dos factores claros que evitan una traslación directa al estado español: su carácter plurinacional; y principalmente la simbiosis que desde el franquismo [1] la derecha ha hecho de la idea de patria.

En la coyuntura actual, el objetivo debería consistir en identificar y exponer elementos aglutinadores que pueden ser un elemento que pueda convertirse en mayoría electoral. Si dependiese de mi, esa clave -como he remarcado en anteriores ocasiones-, es evidente: se debe hacer entender a la población que son trabajadores, y que esa condición inicial determina en gran medida su posición en la sociedad. Sin embargo, soy consciente de que esa formulación necesita ser interpretada y deconstruida para llegar a un porcentaje mayor de gente y no quedar circunscrita a un número limitado[2].

Actualmente, todos los cauces de participación democrática se limitan a la mera intervención en calidad de votante en consultas electorales, y eso es un problema muy serio. Pero estamos ante un caso en el que quizás no lo sea tanto. ¿A qué me refiero? Principalmente, porque estas elecciones europeas deben ser planteadas en unas coordenadas distintas a lo que han sido el resto de elecciones. Dicho de otro modo: tenemos que convertirlas en un referéndum sobre la aceptación de todo el sistema. Pese a ser europeas, hay que transferirles una potencia simbólica mucho mayor que la simple elección de parlamentarios. Y no son pocos los elementos que juegan a nuestro favor en este caso:

1. Las elecciones europeas son las que menos interés y participación presentan;
2. Principalmente, por la percepción generalizada de que las decisiones del Parlamento Europeo no tienen implicación en la vida diaria;
3. La desafección con las instituciones comunitarias siempre ha sido muy elevada, pero en estos momentos, además de dicha desafección, empieza a denotarse claramente un resentimiento ante las imposiciones de la Troika
4. La circunscripción es única, por lo que el sistema de restos no favorecerá a los grandes partidos. Será una persona, un voto
5. Ante la falta de percepción de las europeas como unas elecciones decisivas en el día a día podrían plantearse apuestas más ambiciosas, en las cuales, se opte no sólo por opciones partidistas, sino por modelos de sociedad claros.

Y en este último punto es donde puede ser que un frente abierto, que responda a las demandas ciudadanas de apertura y de regeneración democrática, tenga un papel importante que jugar. Lo cierto es que me gustaría escribir en términos mucho más radicales, pero soy consciente de las limitaciones materiales existentes. En un país con una tasa de paro brutal, donde todavía no se ha producido un estallido social generalizado (salvo honrosas excepciones), es evidente que lo que falta es fomentar el tejido asociativo y la búsqueda de respuestas comunes, que impliquen a toda esas masas que sufren de manera directa las consecuencias del sistema.

He ahí las enseñanzas latinoamericanas: en ningún momento inicial los procesos andinos apelaron a una izquierda radical para la creación de mayorías. Sin embargo, dentro de sus muchas limitaciones y de evidentes claroscuros, han dado un ejemplo de cómo crear mayorías sociales encaminadas de manera indiscutible a generar una redistribución popular de la riqueza y un profundo proceso de subjetivación política y amplitud democrática. Eso es, sin discusión, mucho más de lo que tenemos aquí, donde el proceso es abiertamente el opuesto, donde los beneficios se concentran en las altas esferas oligárquicas, siguiendo el concepto de David Harvey de «acumulación por desposesión».

Se percibe de manera generalizada una diferencia radical entre los privilegiados y la mayoría. Entre los ricos y los pobres. En definitiva, lo que percibe es que existe lucha de clases, pero no es comprendida bajo estos términos. Es triste que a estas alturas haya que volver a hacer pedagogía sobre el conflicto entre el capital y el trabajo, pero está claro que es necesario.

Y si hablamos de pedagogía, nadie en la izquierda española reciente ha hecho tanto como Pablo Iglesias (y su equipo). Se le podrán echar en cara cosas, pero su labor de «traducción» de textos académicos en mensajes comprensibles para la gran mayoría, ha sido insuperable. Ha hecho llamar a las cosas bajo una terminología mucho más adecuada para el entendimiento popular. Ha quebrado ciertas ideas preconcebidas, y sobre todo ha vuelto a hablar de POLíTICA, dinamitando las bazofias partidistas a las que estábamos acostumbrados.

Otro punto realmente reseñable es que son un equipo con una impresionante visión estratégica: sólo hay que ver como empezaron y donde están ahora, cuestión que anima a pensar que esta operación tendrá mucho más calado del que puede presuponerse. Está claro que gente de este bagaje no estará aquí por una cuestión de egolatrías, porque son perfectamente conscientes de lo farragoso y turbio de la política, y que les sería mucho más sencillo seguir donde estaban.

Por eso el punto final para resaltar es el compromiso. Ha faltado tiempo para que se les empezase a acusar de «traidores» y de dividir el voto de la izquierda. Y en eso no puedo estar de acuerdo. Por dos objetivos fundamentales: el primero es que el objetivo de este frente es estar abierto a partidos, organizaciones, plataformas, movimientos y demás (cosa que busca generar unión)[i] ; el segundo es que realmente es necesario, habida cuenta de la incapacidad manifiesta de Izquierda Unida como tal de constituirse en referente (el debate actual en su seno es buena prueba de ello). Y esto me lleva a una conclusión mucho más optimista: estoy convencido de que en momento de necesidad histórica, hacen falta gestos generosos, y creo, sinceramente que éste lo es. Muchas son las organizaciones que se sentirán cómodas en el «entorno Tuerka». Creo que el error sería que estructuras previas anquilosadas no tuviesen la suficiente perspectiva de que contamos con una oportunidad histórica de GANAR. Y lo digo abiertamente, GANAR. Un frente que incluya a las diferentes izquierdas disgregadas, con un par de líneas maestras como auditoría y quita de la deuda, republicanismo federal, democratización de la vida pública, es decir, apertura de un proceso constituyente, podría realmente superar al PSOE, y por qué no, al PP.

No se debe olvidar que esto tendrá que funcionar a modo de experimento. Y que a nadie se le escape: estas elecciones serán un barómetro para medir la fuerza real con la que se cuenta. Que nadie piense que las europeas son el objetivo. Simplemente es una oportunidad enorme de plantar cara.

Pese a mi reticencia hacia las elecciones y mi bagaje abstencionista, si el proyecto cristaliza en las coordenadas marcadas, tendré que plantearme ciertas cosas. Principalmente, porque no se va a decidir de qué color es el collar del que manda, sino porque diremos abiertamente que eso collares ya no sirven, y que podemos prescindir del perro.


[1] Es bueno recordar la arenga de José Díaz, Secretario General del PCE en 1936 cuando exponía: «¿Patriotas ellos? ¡No! Las masas populares, vosotros, obreros y antifascistas en general, sois los patriotas, los que queréis a vuestro país libre de parásitos y opresores»

[2] Para nada estoy negando la validez de los conceptos clásicos. Simplemente, que en esta coyuntura se está hablando de construir mayorías

[i] Pero incluso no llegándose a una sola candidatura, la circunscripción única no supondría el lastre que sí se produce en las elecciones estatales. Dicho de otra manera, en estas elecciones se medirán directamente los votos y no tanto los escaños. De hecho, si esta «traición» no acaba creando un único frente, a lo sumo, hará que se deje de sumar un escaño más por la izquierda. Estoy convencido que es un precio perfectamente asumible.