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Una cosa es la luz, la luz de la razón y otra la sin razón de las compañías eléctricas (las cinco estrellas: Iberdrola, Endesa, Gas Natural-Fenosa, E.On y EDP) en el llamado Reino de España.

Este diciembre de 2013 hemos asistido a una farsa con visos de tragedia protagonizada por el Gobierno y relacionada con la subasta eléctrica o subasta Cesur, en que se fijan los precios de la electricidad doméstica para fijar un subida cercana la 13%, que no fue posible.

Personalmente asistí al diálogo de besugos navideño con rabia, impotencia e indefensión:

El ministro Soria aprobó su nueva ley del Sector Eléctrico sin atender a las recomendaciones de la Comisión Nacional de Energía (CNE) y la Comisión Nacional de Competencia (CNC), con visos de posible inconstitucionalidad a la autoproducción-autoconsumo y con favoritismo a las empresas dominantes.

Atribuye parte del coste de la deuda acumulada entre 26.000 y 30.000 millones de € de nuestras cinco estrellas a las ayudas a las energías renovables, lo cual es mentira, que esa deuda viene de atrás. También sabemos que los 2.700 millones € que desde enero ingresará el Estado a través de los impuestos a la producción eléctrica – impuestos que en realidad pagan los consumidores porque se trasladan por completo a los precios al consumo – no van a revertir al sector eléctrico, ni a eólicas ni a fotovoltaicas.

En un país sin energías fósiles, ni en Canarias ni en el Gran Burato, se desmonta parte de los pequeños parques de energía renovable a favor de las grandes empresas, con ciertas triquiñuelas legales y contra el consejo de la UE.

¿Qué se puede hacer?

Como ciudadanos a nivel individual poco, pero si como colectivo si forzamos a nuestros representantes en los ayuntamientos a tomar ciertas posturas de fuerza.

En los ayuntamientos que soportan la producción eléctrica hidráulica exigir que se les cobre correctamente el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) por todo el terreno ocupado por la explotación de las centrales: lo edificado y lo anegado por el agua, todo es parte de la explotación: Como el Lidl y su aparcamiento.

Presionando colectivamente la bajada del consumo en alumbrado público, muchas veces excesivo e innecesario: apagando una de cada dos farolas en muchos tramos, en zonas aisladas dispositivos de encendidos de proximidad, regulando el número de horas útiles de encendido nocturno. Bajando el consumo y facturas que pagamos todos.

Viena, Berlín y otras ciudades parecen oscuras con respecto a la alegría fallera de las ciudades españolas.

Es posible desde abajo; desde arriba hay demasiados políticos y ex-políticos en los consejos de administración de las Eléctricas

¿Complicidad o connivencia o trasvase necesarios de Eléctricas y Política en la Maldita e Interminable Transición (MIT)?