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Hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres
Justo Navarro

Los excursionistas hicieron una fila y entraron ordenadamente; Ralph, un chico de su edad, pasó por delante de Paul, y justo en ese momento cayó un rayo. El que después se convertiría en uno de los más grandes escritores estadounidenses salió ileso, mientras que su amigo murió a causa de la descarga eléctrica. «El mundo es un misterio azaroso», explica Justo Navarro en el prólogo de El cuaderno rojo.

El azar -ese enigmático aliado que nos permite estar en el lugar correcto en el momento adecuado- es un factor que, al igual que en la vida cotidiana, está presente en el mundo de la política, como le ocurrió a Ernesto Zedillo, designado candidato y a la postre presidente de México tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio a menos de cinco meses de la elección en 1994, o el caso de diputados y senadores suplentes que han rendido protesta ante distintas circunstancias que obligaron a los titulares a renunciar a sus cargos; incluso en 2005 Enrique Peña Nieto no se encontraba entre los favoritos para contender por la gubernatura del Estado de México y una serie de circunstancias lo favorecieron.

Aunado a ello, es importante tener en cuenta el factor del tiempo, es decir, reconocer el momento preciso para aceptar el riesgo de tomar ciertas decisiones. En 1980, el senador Edward Kennedy, vislumbrando su última oportunidad para convertirse en presidente de Estados Unidos, se postuló como precandidato, aunque el mandatario en funciones era también un demócrata, Jimmy Carter, quien buscaba la reelección. Al final, el heredero de la dinastía Kennedy apenas obtuvo el 34% de las preferencias. A pesar de esta aventura fallida y un par de problemas con la justicia, siempre fue reconocido como uno de los grandes políticos de su país.

En este sentido, un ejemplo de perseverancia y paciencia es, sin duda, el de Luiz Inácio Lula da Silva, quien compitió en las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998 con sendas derrotas en las urnas; sin embargo, el timing correcto llegó en 2003. Hoy en día, luego de una administración exitosa caracterizada por el crecimiento económico, es considerado el ejemplo de la izquierda moderna en América Latina.

La comunicación, al igual que el azar, es uno de los factores relacionados con en el éxito de un proyecto político. Sería pretencioso afirmar, como muchos consultores lo hacen, que una buena asesoría es lo único que determina, por ejemplo, el resultado de una elección. Existen candidatos disciplinados, con un mensaje adecuado, un equipo comprometido y quienes aún habiendo tomado las decisiones correctas pueden llegar a fracasar en la consecución de su objetivo principal.

Tal es el caso de Hillary Clinton, que fungió como primera dama entre 1993 y 2001, saliendo avante de numerosos escándalos sexuales protagonizados por su marido. Posteriormente fue senadora y todos los reflectores apuntaron hacia ella en la batalla por la nominación demócrata en 2008, para la cual contrató los servicios de uno de los mejores consultores de comunicación de Estados Unidos.

No cabe duda que Hillary hubiera sido una gran presidenta (aún puede llegar a serlo), pero la llegada de un líder carismático de la talla de Barack Obama eclipsó a la exprimera dama. Finalmente, aceptó su derrota en las primarias y posteriormente fue nombrada Secretaria de Estado, cargo que ocupó durante cuatro años. De acuerdo con encuestas de ABC y The Washington Post, siete de cada diez norteamericanos calificaron su labor como «excelente».

Normalmente, aquel que niega la existencia de la fortuna y el timing cuenta con una carga excesiva de protagonismo que le impide observar más allá de sus narices. El azar jugó un papel importante en las vidas de Ralph, Paul, Ernesto, Enrique, Luiz Inácio, Edward y Hillary, pero ello no significa que debemos encomendarnos por completo a la diosa fortuna. En política, una serie de factores (internos y externos) forman parte del juego; es obligación del estratega reconocerlos todos y cada uno de ellos, aprovechar las coincidencias y, como señala Paul Auster, estar conscientes que somos seres frágiles y vulnerables, que una simple palabra puede cambiarlo todo.