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Pensamos en «colocar» el mensaje, potenciar la imagen del líder, subir puntos en las encuestas y acabar ganando las elecciones. Investigamos, estudiamos, analizamos, planificamos, ejecutamos, revisamos y modificamos.

Pero, ¿qué ocurre cuando las metáforas bélicas dejan de ser conceptos para convertirse en el día a día? Hay elecciones que se celebran en campos de batalla militar, donde las herramientas más innovadoras son las últimas armas obtenidas por los señores de la guerra, y los puntos fuertes y débiles son sustituidos por una situación en la que unos lo tienen todo y otros sólo poseen un voto que les obligarán a depositar.

De eso y de muchas otra cosas estuvimos hablando en el curso de observador electoral de corta duración organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores en Santiago de Compostela. El objeto de los observadores electorales internacionales (OEI) es el de comprobar que unas elecciones se desarrollan en un contexto de libertad, independencia y transparencia, ya sea desde el punto de vista del elector, del candidato, de los partidos o de la administración.

Esta es la definición teórica -casi podría decir bonita- de lo que es un OEI. Pero después de escuchar a Luis Gaviria hablando sobre las experiencias vividas en múltiples comicios, a Juan Pedro García explicando como se organiza la seguridad de las misiones de observación o a Pere Vilanova analizando algunos casos desde su perspectiva multidisciplinar, uno se da cuenta de que no se trata de irse de turismo electoral ni de viajar de lujo como miembro de la UE, de la OSCE o de la OEA. Hablamos de velar por el desarrolla por la democracia en países del tercer mundo o en vías de desarrollo, de permitir que los ciudadanos elijan a sus gobernantes para los siguientes años pudiendo dirigir a sus estados por un camino de progreso social, económico y político.

Desde ahora, estoy dentro del roaster del Ministerio para poder participar en las próximas misiones de observación, algo que estoy seguro será muy enriquecedor, porque aunque sean una parte de mi trabajo y más que un hobby, las campañas electorales no son la parte más importante de unas elecciones.