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(Artículo cuya versión original y en gallego fue publicado en Babel, Boletín do Ateneo Republicano de Valdeorras nº8, abril 2014)

Los mismos sucesos y hechos del período constituyente parafranquista se están repitiendo. Inmersos de nuevo en una crisis económica y social la clase político-dominante está interesada en servirse de los mismos ardides y engaños que le permitieron perpetuar en su status quo durante estos últimos 35 anos.
Durante el parafranquismo constituyente (1973-1980) se valieron de unos trucos de ingeniería de masas para cambiar el cleavage dominante (cleavage: conflicto social que escinde a distintas clases sociales a ambos lados de una brecha) introduciendo otros que le permitían distraer y enredar el clamor popular: había una posición antifranquista que se oponía a una dictadura o a la continuación de la misma, las acciones y las negociaciones de la izquierda dominante, personificada en aquel entonces en Santiago Carrillo, permitió pasar de la ruptura a la transición.

Cleavages Iniciales

FRANQUISMO ANTI-FRANQUISMO
Sociedad caciquil Sociedad Justa
Clasismo Igualdad
Dictadura Libertad

Esencialmente los principios maximalistas que se oponían a la dictadura eran los principios republicanos, con unos componentes socio-económicos importantísimos: salarios justos, libertad sindical, transparencia y lucha contra la corrupción, control de la banca, libertad de manifestación e de expresión etc. Republicanismo de izquierdas.

Ante este enfrentamiento claro frente las fuerzas oligárquicas o aristocráticas que se estaban perpetuando en el poder surge de la cocina del régimen la necesidad de sembrar miedo y división: divide y vencerás.

El miedo: se aumenta con el temor a la involución, a una nueva guerra civil cruenta, se predica el olvido, quién no se acuerda de la omnipresente en aquellos tiempos «libertad, libertad sin ira» de Jarcha. Miedo, olvido: injusticia adobada con una amnistía bidireccional de conveniencia.

La división: reforzando otros cleavages, el desarrollo torpe, incompleto e interminable de un estado federal autonómico, que paso del reconocimiento de las nacionalidades históricas (gal-eus-ca) a una división regional nueva, el «café para todos» de Adolfo Suárez, en la que se desvisten provincias y regiones para vestir de seda el nuevo mapa político escolar con las 17 autonomías. Similar al ulterior cambio de gobiernos civiles por delegaciones del gobierno

La España de Franco pasó a ser el Reino de España, dividido en diputaciones provinciales, autonómicas, forales y cabildos. Se perpetúan las haciendas forales profranquistas: la carlista de Navarra y la foral de Alava, desagraviando de paso a Guipúzcoa y a Vizcaya conformando las tres el cupo vasco.

¡Adiós a la igualdad! El sentimiento autonómico nace para que el bloque nacional franquista, la zona azul, se pueda agrupar mejor ante la nueva brecha social, hendidura que se va abrir y cerrar como un abanico según convenga al Gobierno central, al vasco o al catalán.

Franco mantenía la tesis de que el pueblo español era inmaduro, menor de edad para la democracia, por ello imponía y exigía mantenerlo bajo su tutelaje.

Como si fuese parte da su herencia genética, los muñidores de nuestra democracia no dejaron de aplicar esa tesis. Franco deja como botín el franquismo político, y como legado el franquismo sociológico -más intangible y subconsciente- y unas hijuelas: ETA* y el terrorismo indiscriminado van a servir para recortar las libertades cívicas y aumentar el aparato policial del régimen y el terrorismo de extrema derecha sirve para realizar el trabajo sucio desde las alcantarillas del régimen: esto podemos ilustrarlo con la salida a la luz del caso Hellín, un asesino de extrema derecha colaborando en la actualidad con el ministerio de Interior.

No quiero olvidar en este pequeño resumen el papel de la Iglesia Católica de aquel entonces, que supo ocultar sus intereses pecunarios e inmobiliarios mediante las técnicas de mimetismo populista camaleónico y esconderse en su propio lampedusismo nacionalista-euskaldún en el país vasco, obrerismo, y nacionalcatolicismo para dejar vigente su concordato de 1957. Del pringante y seboso opusdeismo al jesuistismo liberador de Arrupe.

*ETA es una herencia del franquismo, una secuela del mismo que va a oscilar entre un papel de vengador de oprobios e vejámenes en sus comienzos (una especie de Robin Hood orgánico en un sentido gramsciano) y su consolidación cómo una de las ramas mafiosas del régimen borbónico de la MIT (Maldita e Interminable Transición). Su desaparición no es casual, va ligada a la agonía y desaparición en actos de este régimen. La MIT desaparece de un modo regresivo- en el sentido de regreso al origen- mediante el gobierno actual del PP, que con sus actuaciones legislativas y recortes da la vuelta al calcetín a todos los supuestos consensos y pactos tácitos y expresos del llamado espíritu y corpus de la transición borbónica juancarlista y se adelanta en hechos a la desaparición y nulidad de aquellos compromisos tomados por ciertas fuerzas políticas de espaldas al pueblo soberano.